Pensar la post-pandemia con el corazón encerrado





No lo soñábamos. Ni la peor pesadilla de ciencia-ficción pudo dibujar la magnitud de esta tormenta global. El mundo se hizo más pequeño, más cercano con la expansión de la Red de redes, pero nunca llegamos a pensar, que también tendríamos los mismos sentimientos humanos al mismo tiempo. Nuestra sociedad cambió radicalmente con y a partir de la era digital. Nos sentimos más fuertes, tal vez como Atlas llevando sobre sus  hombros el mundo, o con ese mundo en nuestras manos por medio de una pantalla. 

Pero nuestra primera condición, la humana,  también parece que la olvidamos en algún rincón de los últimos años del siglo pasado. O entre los engranajes y los tejidos de la World Wide Web.
Y del archivo de la memoria colectiva, se me vino el nombre de Albert Camus con aquel libro que siempre me inquietó por su título, pero que no había leído: La Peste

Pero también no recordaba las circunstancias sociales y  sanitarias de El Decamerón de Boccaccio en la adaptación cinematográfica que hiciera Pier Paolo Pasolini “cuando en la egregia ciudad de Florencia, espléndida entre todas las de Italia, sobrevino la mortífera peste. La cual, por obra de cuerpos celestes o por nuestros inicuos actos, la justa ira de Dios envió sobre los mortales, y fue originada unos años atrás en las partes de Oriente, donde arrebató una innumerable cantidad de vidas, y desde allí, sin detenerse, prosiguió devastadora hacia Occidente, extendiéndose pavorosamente”.[1]  

Pero seis siglos después, no es la iracundia de Dios y no bastó años para que se extendiese de Oriente a Occidente, sino meses, semanas, días y horas. Las preguntas hacia atrás, cómo se originó, dónde, por qué,  te llevan a pensar en otros antecedentes.

En pleno desarrollo de la crisis financiera en 2008, de un día para otra apareció la gripe H1N1 (o Gripe Porcina). La atención mediática giró entorno  esta enfermedad y la caída en picada de las principales bolsas de valores del mundo pasó a otro plano. Historiadores y periodistas de investigación nos podemos aventurar a encontrar respuestas, pero las preguntas hacia adelante, todos nos las hacemos y nos las haremos.

¿Es una guerra invisible donde creemos que son países en disputa? ¿A la vuelta de una Post (pandemia, Corona Virus, emergencia sanitaria, guerra bacteriológica, etc, todos los que calibremos) hay un nuevo (des) orden mundial? Viendo lo vulnerable que somos como especie, ¿Cómo nos relacionaremos unos con otros? ¿Y con la Naturaleza toda, que desde hace tiempo nos ha lanzado gritos a nuestros sordos corazones? ¿Seguiremos drenando por las redes sociales sin cambiar ni transformar nada? ¿Seguiremos con los mismos chips mentales de cómodos autómatas?

En tanto en esta Cuarentena, que ha coincidido con la Cuaresma Cristiana en el año 2020, que sumado da 40 y todo lo demás divinamente esotérico que pueda haber, estamos en un modo monasterio, sin poder tocarnos, ni abrazarnos, rutinariamente haciendo “hábitos”, guardados del mundo con el corazón encerrado.


[1] Giovanni Boccaccio: El Decamerón. Editorial Bruguera. 1983. Página 47.

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