La clase de literatura suspendida por la "Hoja que no había caído en su otoño"

 Camino por la esquina de Punceres y compruebo la demolición de casi medía cuadra donde estaba el Hotel Cervantes.



‎La Caracas postpandémica y de transacciones en dólares no daba descanso para lo rápido que aparecían negocios con decoración de última moda. Pero también una hilera de locales como esperando en un limbo imboliario. Ni los alquilan ni los venden, ni los tumban. Ni lavan ni prestan la batea, dirían los abuelos.



‎Cuando cortan un árbol es como una amputación que le hacen a un bosque. Cuando tumban edificios con historia y paisaje es como una amputación de la memoria de la ciudad. Recordará un doliente o un aficionado con una foto ahora que estamos en la Cultura de la Nostalgia y el Vintage.


‎Quizás para la mayoría ese trozo derribado de Caracas no tenga mayor significación. Quizás muchos lo celebran, empezando por los Zubillagas. Quizás generará nuevos empleos lo que se construirá alli. Quizás reproducirá un modelo de marketing exitoso. Un nuevo no-lugar según Marc Augé que se suma a los miles que hay en el territorio.


‎Pero allí quedó un pequeño trazo biográfico espacial de Don Julio Garmendia. El espacio biográfico también existe.


‎Quizás los estudiantes de Letras y Literatura venezolana pierdan la noción geográfica de dónde se escribió. Quizás los que vayan a ser docentes de literatura venezolana (si los dejan) pierdan la brújula, no tendrán el GPS literario en dónde habitaron y poblaron los escritores. Quizás los rincones sean secundarios, pero como estrategia didáctica si son significativos. En España hasta de un turismo literario se habla.


‎Si me hubiera tocado dar una clase de la vida y obra de Don Julio Garmendia ( Literatura y Vida son inseparables como la materia que daba el poeta Rafael Cadenas en la Escuela de Letras de la UCV en el siglo pasado)  me hubiera situado en ese trozo de esquina demolida por el nuevo "risorgimento" económico nacional " para pararme en la puerta del Hotel Cervantes y contarles que allí vivió Don Julio Garmendia desde 1945 hasta cuando  pasó a otros mundos en 1977. 



‎En los ochenta todavía estaba la librería "El Gusano de Luz" por Parque Carabobo frente del restaurante Casa Bermeo. Esa librería llevaba ese nombre en homenaje a un cuento de Garmendia. Cuentan que era un sitio para las tertulias literarias y congregó a periodistas, escritores e intelectuales del siglo XX.


‎Los principales periódicos de Caracas estaban en el centro: por la esquina de Ánimas ( El Universal) por la esquina de Puerto Escondido ( El Nacional) esquinas de Monjas a Principal (La Esfera después sería Últimas Noticias) y al final de la avenida San Martin el Bloque de Armas ( 2001 y Meridiano).


‎La Hoja que no había caído en su Otoño


‎Así se titula un cuento de Julio Garmieda que no había leído y como un curioso y porque el mejor homenaje para un escritor será siempre la lectura y la viva voz de sus obra, leí ese cuento en unos 5 minutos en la panadería Picadilly de la avenida Urdaneta.


‎Palabras mas, palabras menos, el cuento es un relati de una hoja de un árbol de Ceiba que envejece sin caer como las demás hojas.



‎Hastiada de su existencia y del pasar del tiempo buscará desprenderse de la Ceiba. Si bien en el fondo hay toda una reflexión sobre la juventud, la vejez, el paso del tiempo también hay otra lectura colateral de la indiferencia de los personajes que intervienen en el relato, de su falta de tejido "social", de un imperativo del presente con todo su vigor y energía, pero también de cierta indolencia por el entorno.




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