Violencia de Cajetín


Llama poderosamente la atención esa reflexión sobre la violencia física (se coloca el adjetivo físico porque también se habla de una violencia simbólica) que se hace desde los llamados medios de comunicación social cuando los protagonistas de los hechos salen del común. Cuando las víctimas y victimarios no son los niños del medio oriente bombardeados por las tropas estadounidenses, hechos que se van haciendo cotidianos y reiterados. Y que más que cotidianos y reiterados son invisibilizados.  

También a esto se le agrega lo que el académico e investigador español Vicente Romano señalaba en cuanto a la presentación de las mayorías de noticias sobre violencia en las que, por un lado, nunca se habla del porqué se da esa situación, de cuáles son las condiciones sociales para que se produzcan esos hechos de violencia, y por otro, generalmente son a las autoridades quienes emiten la información seleccionada sobre las noticias como la única fuente.

El tema viene a colación después de los últimos acontecimientos acaecidos en el estado Zulia de nuestro país con el caso de la hija del diplomático chileno y la de los cuatro niños judíos en Toulouse, Francia. Sin duda que son dos casos que salen del común, uno es el caso de la hija de un alto representante de una misión diplomática que por lo tanto tiene cierta resonancia. No fue la hija de Juan Bimba, ni tampoco un adolescente mala conducta como se dice por allí. El otro revive “fantasmas” del holocausto nazi y toda aquella persecución contra los judíos( claro aquí no cuenta recordar lo que pasa en Palestina).Pero, se enciende la conmoción porque ocurre nada más y nada menos que en Francia, tierra neutral de conflictos, que ha llevado las banderas de revoluciones modernas por la igualdad, fraternidad y libertad.

Pero si retrocedemos la mirada hacia atrás sería bueno preguntarse  como desde los mismos medios  se trató el caso de los estudiantes asesinados  de la Universidad Santa María en el sector de Kennedy en Caracas o de los hermanos Fadoul también en Venezuela,  o de los jóvenes  musulmanes de origen africano en la Francia del año 2005.

Pareciera que en esas noticias la violencia o es más violencia, o se escribe con V   grande, pero del resto lo demás será otra cosa. ¿Qué decir de las 15.000 horas que un adolescente podía pasar frente a la pantalla de televisión en 1971 en que por lo menos debió haber visto 18.000 muertes según la Asociación de Telespectadores y Radioyentes de España?

Pareciera que existen diferentes tipos de violencias, distintas categorías, o de distintos pedigríes, empaques, marcas, gustos. Violencias de terror, sublimes, al por mayor o al detal, bruta o editada, para llevar o para consumir ahora con unas cotufas sin mantequilla.


Alfredo Tamayo Álvarez

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